


Hay algo que veo a menudo cuando fotografío familias: las madres están, pero no aparecen. Están en todo —en los cuidados, en los gestos, en la vida cotidiana— pero cuando llega el momento de la foto, dan un paso atrás. A veces por pudor, otras por cansancio, muchas por esa sensación de no estar «listas» nunca del todo.
Nos miramos con exigencia. Pensamos en el pelo, en las ojeras, en el cuerpo que ha cambiado o en ese día en el que no nos sentimos especialmente bien. Y sin darnos cuenta, vamos quedando fuera de las imágenes que construyen la memoria de nuestra familia.
Pero con el tiempo, todo eso pierde importancia. Lo que queda no es si ese día estábamos más o menos cansadas, si llevábamos el tinte al día o si la ropa era la perfecta. Lo que queda es el gesto, la cercanía, la forma en la que abrazábamos, mirábamos o acompañábamos.
Quizá dentro de unos años, cuando nuestros hijos vuelvan a esas fotos, no buscarán perfección. Buscarán presencia. Querrán vernos ahí, con ellos, formando parte de su historia. Por eso, aunque cueste, aunque no sea el momento ideal, merece la pena estar. Porque también somos parte de esos recuerdos que un día serán esenciales.
Pero con el tiempo, todo eso pierde importancia. Lo que queda no es si ese día estábamos más o menos cansadas, si llevábamos el tinte al día o si la ropa era la perfecta. Lo que queda es el gesto, la cercanía, la forma en la que abrazábamos, mirábamos o acompañábamos.
Quizá dentro de unos años, cuando nuestros hijos vuelvan a esas fotos, no buscarán perfección. Buscarán presencia. Querrán vernos ahí, con ellos, formando parte de su historia. Por eso, aunque cueste, aunque no sea el momento ideal, merece la pena estar. Porque también somos parte de esos recuerdos que un día serán esenciales.
Durante los últimos años he creado las sesiones «Mamá, ponte en la foto», un espacio pensado precisamente para esto: para dejar a un lado las exigencias y poder estar, simplemente, con ellos. Han sido encuentros muy especiales, llenos de verdad y de momentos que ahora ya forman parte de muchas historias familiares. Más adelante volverán, en una nueva etapa y con la misma intención de siempre: acompañar y guardar lo que de verdad importa.

